El civismo y la convivencia son probablemente los sustantivos que describirían el ambiente efervescente de alegría que se respiraba en las calles de Algeciras tras la victoria de Marruecos sobre España.
Nadie esperaba que este suceso se transcurriese en un auténtico ambiente de civismo. Los medios de comunicación y las redes sociales auguraban otra cosa: que se repitiesen los disturbios de Bruselas. A primeras horas de la tarde, se desplegó un gran dispositivo de seguridad compuesto por los cuerpos de la Policía Nacional y Local por toda la ciudad algecireña. Algunos organismos como la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI) emitieron un comunicado oficial dejando claro que “ el deporte, en este caso, el fútbol, ha de servir para mostrar a la sociedad los modales del islam, entre los que están el respeto y la tolerancia, y que sirva como medio de acercamiento y no como división entre nosotros”.
Españolas/es y marroquíes han compartido los mismos espacios para ver juntas/os el partido que, por regla, eliminaría a uno de los dos equipos. Con calma, atención y respeto aguardaban el desarrollo del encuentro.
En un pub de la calle Convento, la gigantesca pantalla mantenía las miradas del público fijas. Un grupo de chicas con la la bandera española pintada en sus rostros ocupaba una mesa; en frente de ellas, un grupo de migrantes marroquíes envueltos en la bandera rojiverde . Ambos grupos intercambiaban de vez en cuando ciertas miradas. No buscaban retar, pero sí, hacer que el entusiasmo sea mutuo. Al llegar el momento de los penaltis, ambos grupos intercambiaron una sonrisa que lo decía todo : “¡habéis jugado bien, quilla/o!”
Con la victoria de los ‘Leones del Atlas’, madres, padres y adolescentes migrantes marroquíes tomaron las calles de la ciudad de Paco de Lucía. La bandera marroquí se extendía por las calles y barrios algecireños. Desde el Barrio de la Caridad, La Bajadilla y El Saladillo, salieron decenas de coches y multitudes de personas de diferentes edades para festejar este pase que no han vuelto a vivir desde aquel mundial del año 1986; de leyendas como Bouderbala y Bedou Zaki que fueron recibidos por el entonces rey alauita, Hassan II, como auténticos héroes.
Las celebraciones en la Plaza Alta contaron también con la participación de migrantes de otras nacionalidades como las/os subsaharianos que ven en Marruecos la única representación africana que sigue en el mundial. Ellas/os compartían el júbilo y también gritaban: “¡vive le Maroc!”
Es digno de admirar ver cómo la comunidad migrante en sus diferentes edades salieron a la calle para compartir su alegría con el resto de la sociedad del Campo de Gibraltar que, pese al resultado, acogió y respetó la alegría de la afición de los ‘Leones del Atlas’.
Este partido ha puesto en evidencia que el fútbol ha servido para darnos dos lecciones una, de cumplir con su labor de entretenimiento, y la otra, de comportamiento y convivencia.

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