Hace poco, conocimos a nuestras vecinas rumanas que llegaron hace más de 15 años a San Martín del Tesorillo. Ellas son Irina, Iulia, Daniela, Simona, Bordi y Aurora. Pudimos compartir con ellas un muy buen rato en una tarde, en la que nos pudieron contar algunas de sus Historias de vida.
Con ellas, pudimos conocer las enormes dificultades a las que se enfrentan las personas migrantes cuando vienen a nuestro país y más si como es su caso, eres mujer migrante. Nos contaron que sufrieron en sus carnes la discriminación al venir a España, pues en muchos casos al no tener la residencia legal, otras personas aprovechaban para que trabajaran en condiciones nada deseables y por un sueldo bastante escaso. Sin embargo, también nos reconocen que al llegar aquí han encontrado otras personas que les han ayudado y les han hecho su estancia mucho más agradable y fácil. Bordi nos contaba que ella no distingue entre países de procedencia de las personas, sino que “hay gente buena y gente mala”.
Sus comienzos en Tesorillo no fueron fáciles. Irina nos contó que comenzó trabajando en la recogida de fruta y lo poco que ganaba tenía que dividirlo entre mandarlo a su país a sus hijas que allí había dejado y sobrevivir ella misma. Su intención era conseguir traer a sus hijas para que no vivieran lo mismo que ella en su pueblo de Rumanía. Por otro lado, Simona nos cuenta que tuvo que vender todos los animales que tenía en su país para venir a España. Cuando llegó aquí tuvo muy difícil poder trabajar y como muchas otras personas migrantes, lo hizo en la recogida de la naranja. Actualmente, junto con su marido, tiene su propia empresa de mantenimiento y jardinería, por lo que se ha convertido en toda una emprendedora.
Cuando les preguntamos cómo ha sido su experiencia con las personas españolas, Irina nos contó una anécdota muy curiosa sobre cómo sus hijas aprendieron español gracias a una vecina. “Siempre escuchas comentarios en el colegio, racismo siempre hay, pero a mí me da lo mismo porque somos todos iguales y tenemos los mismos derechos. En general, me han tratado bien a mí y a mis hijas”. Bordi nos dice que muchas veces entre los propios rumanos que hay en el pueblo, son los que se “comen entre ellos”, pero que deberían apoyarse y ayudarse, ya que vienen con las mismas dificultades y problemas. Sin embargo, destacaba bastante que en el hospital y en la sanidad española le han tratado como en ningún sitio. Está inmensamente agradecida a nuestros/as sanitarios/as.
“Creo que es muy importante el cómo te crían en tu familia” nos cuenta Bordi. Para ella, la forma en que de transmiten valores tus padres o tu familia, es esencial para que seas de una manera o de otra, y no tanto del país en el que hayas nacido.
Daniela nos contó que una vez sus niños vinieron del colegio diciendo que les habían dicho que se fueran a su país porque venían a quitarles el trabajo. Al fin y al cabo, los niños repiten comentarios que escuchan por parte de sus familias y este caso que nos cuenta Daniela es un claro ejemplo de ello. A pesar de esto, todas nos dijeron que habían sido bien tratadas en España.
Hablamos de las diferencias culturales entre Rumanía y España y Iulia nos dice que la zona de la que se viene influye mucho a nivel de mentalidad. Ella y su madre Aurora, provienen de una zona rural de Rumanía y nos dice que allí se tiene una cultura diferente a la de aquí y en cierto modo más conservadora.
Nos llamó la atención que allí el garbanzo a penas se utiliza en la comida, pero que por el resto de cosas nos contaba Aurora, es igual que aquí. “El marisco allí tampoco lo solemos consumir al vivir en una zona rural, pero carne tienes toda la que quieras” concretaba Iulia.
Una de las anécdotas más graciosas de la tarde fue cuando hablamos del tema del idioma. Daniela nos dijo que Irina hablaba mitad español y mitad rumano cuando hablaba con ellas. Hacía una especie de mezcla del idioma. Todas rieron. Otro hecho muy curioso fue cuando Iulia nos dijo que contaba en rumano, pero pensaba en español, a pesar de haber llegado aquí con 14 años.
Por último, hablamos de los estereotipos. Iulia nos dice que hace unos años cuando veían una persona que estaba en la calle sin hacer nada y bebiendo alcohol ya pensaban que era rumano, sin saber. Eso ahora ha cambiado y la gente del pueblo, tras haber conocido a muchas personas de Rumanía como ellas ha cambiado su parecer. Ahora las juzgan por lo que son, personas trabajadoras y no por lo que creen que son en base a prejuicios y estereotipos sobre su país de procedencia.
Pasamos una tarde muy amena y entretenida con nuestras vecinas de Tesorillo y nos encantó escuchar sus vivencias y sus puntos de vista.
¡Muchas gracias por compartir vuestro preciado tiempo con nosotros/as!

Muchas gracias a vosotros por la segunda ves un gustó de contar nuestras historias