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Haifa es una mujer joven llena de energía, con ganas de vivir y lucir su feminidad. La llamaron Mohamed cuando nació en una ciudad de Marruecos que es considerada la más conservadora del país, pero Haifa, desde su más temprana edad, sabía que el nombre de Mohamed no era para ella. Que no la representaba. Lo único que tenía claro es que era una niña, la niña de su madre. Esa niña que vivió 28 años enclaustrada y en el anónimato sabía que solo 14 kilómetros la separaban del suelo donde su sueño se haría realidad: España. Poco antes de la pandemia, decidió sacar a esa niña al mundo real y ponerle nombre, lejos de la preocupación, el miedo, la sociedad y sobre todo, la ley. Haifa, con mucho humor, nos invita a rebobinar con ella la cinta de su vida.

Tienes un vínculo muy especial con tu madre y  que vas más allá del mundo material y  palbable. ¿A qué te refieres con eso? 

Cuando mi madre estaba embarazada, los médicos le dijeron que iba a tener un parto difícil y que el bebé iba a nacer con una discapacidad, todos auguraban que el bebé se iba a morir, pero mi madre insistió en seguir embarazada y traerme al mundo. Si no fuese por ella, no estaría en este mundo.

¿Cuándo decidiste emigrar a España definitivamente, te fue fácil separarte de tu madre?

No. No ha sido nada fácil para las dos. Para ella soy su amiga, su confidente y su niña favorita.

Dices que, a muy temprana edad, tu madre fue de las pocas personas  conscientes de que eras una niña y no un niño. ¿Notabas cierta diferencia de trato y educación entre tú y tus demás hermanos varones?

Mi madre siempre me trataba como una chica, como soy yo. No me dejaba salir a jugar en el barrio con otros chicos, me enseñaba a hacer las labores de casa… Todo lo que hace una mujer en mi sociedad.

¿ Y tu padre, tus hermanos varones? 

Eran muy protectores, pero, más bien dicho, controladores. Mi padre no me dejaba salir, pero sí dejaba a mis hermanos varones pequeños. Ahí en mi sociedad se considera que  el hombre tiene que estar en la calle mientras que la mujer en la casa, o mejor dicho, en la cocina. Y es lo que hacía yo.

Cuéntanos un poco cómo supiste que eras una chica y que te atraían los hombres

Yo, desde mi más temprana edad, solía soñar mucho con encontrar mi príncipe azul, con el que iba a tener muchos hijos y formar una bonita familia. Simplemente, compartía los mismos sueños que mis hermanas y primas.  Siempre pensaba que lo que me enseñaba mi madre me iba a servir en el futuro, al igual que a mis hermanas.

¿Qué te enseñaba tu mamá?

Pues, a ser una cocinera, una buena ama de casa y una maruja ¿por qué no? Ja,ja, ja… Pues en las fiestas del Eid ayudaba a mis hermanas a hacer el cordero, por las tardes a preparar la mesa del té para recibir a nuestras vecinas y amigas. En Ramadán también preparaba la Chebakía, las brewat

¿Has vivido algún acoso?

En mi barrio nunca, porque  en tu barrio siempre te respetan, pero en otros sitios, un poco sí. Por ejemplo, se metían conmigo por mi aspecto físico, mi forma de vestir, etc.

¿Has emigrado por tu identidad de género?

Con el tiempo, empecé a darme cuenta de que vivir en Marruecos no era el suelo en el que quería edificar mi futuro como mujer, pero tenía muchas ganas de ser yo. Solo tuve una alternativa, España, debido básicamentre a la ubicación geográfica.  Mi primer paso fue en el centro de estancia temporal de inmigrantes de Melilla y luego pude llega a  la península mediante asilo.

¿Al tomar esa decisión y emprender esta aventura vital, te ha sido fácil el recorrido?

No tanto. Al principio, la convivencia con otros migrantes no fue del todo lo que esperaba, pero también pienso que vienen de otros sitios donde una persona como yo no es aceptada y tampoco puede encajar.

¿Ante esa incomodidad, has intentado explicar tu realidad y hacer llegar tus quejas a los responsables del centro en el que estabas?

Sí, pero creo que contaba como “un” migrante más. Se me trataba acorde a mi género en el DNI, simplemente era un Mohamed migrante. Yo quería que se tomase en cuenta mi condición, que viesen que soy una mujer que ha luchado para serlo y gritarlo a los cuatro vientos. Quería que me pusieran con migrantes mujeres, pero no ha podido ser…Incluso hubo momentos en los que me sentía muy decaída. Después de ocho meses me vine a Algeciras.

¿Cómo fueron tus inicios en Algeciras, y cuál fue tu primera impresión al salir al mundo real?

Como cualquier mujer migrante echada pa’lante he pensado que primero debería tener una estabilidad económica con el fin de tener un espacio decente o un techo bajo el que dormir. Me puse a buscar trabajo, pero al mismo tiempo y consciente de mi situación, decidí contactar con varias ONGs.

Han transcurrido tres años desde tu llegada a Algeciras. ¿Qué crees que esta ciudad te ha aportado? 

En Algeciras, encontré el amor.  Me he enamorado aquí, curiosamente, de un compatriota mío.

Siendo mujer trans del colectivo y quizás una de las pioneras en decididir migrar para ser ella misma… ¿Qué consejos le darías a otras u otros que están ahora en una situación similar que viviste tú?

Perseverancia, paciencia y que nunca pierdan la esperanza.