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Algeciras es una de las ciudades más importantes del mapa mundial de las migraciones por su ubicación geográfica y su condición de puerta de acceso a dos continentes, Europa y África. Las migraciones y la diversidad cultural son elementos distintivos de la ciudad y un tema muy presente en su agenda sociopolítica que genera opiniones contrapuestas. Un ejemplo de esta presencia es lo que está ocurriendo actualmente con la pregunta que ha hecho el Gobierno central al Ayuntamiento de la ciudad para saber cuál es su disposición a abrir aquí un centro de estancia temporal para inmigrantes (CETI). Las dos ciudades autonómicas situadas en el Norte de África, Ceuta y Melilla, tienen, cada una, uno de estos centros desde hace más de dos décadas: Melilla desde 1999 y Ceuta desde 2000.

Su función

La función principal de este tipo de centros es la de dar albergue de forma temporal a los migrantes que lo necesitan una vez llegados a territorio español. El personal del centro les presta los primeros auxilios y allí reciben alojamiento, alimentación, asistencia sanitaria, jurídica, psicológica, formación y clases de español, además de otros servicios de tiempo libre o de índole burocrática, como ayudarles a presentar solicitudes de asilo, etc. Quienes viven temporalmente en estos centros no están detenidos ni privados de libertad, pueden entrar y salir de ellos cumpliendo una serie de normas de convivencia establecidas. Estas funciones y su correcto desarrollo pueden convertir a este tipo de centros en el primer eslabón para la integración del migrante en la sociedad española.

La mayoría de las personas que se albergan en los centros de Ceuta y Melilla son hombres y mujeres africanas, son personas migrantes o solicitantes de protección internacional. Algunas de ellas son de la misma familia y también llegan algunas veces menores de edad solos, sin acompañar por familiares.

Cada una de estas personas que viven en el centro permanece en él hasta que es trasladada al territorio de la península, o es devuelta a su lugar de origen por tener una orden de devolución o expulsión. Su tiempo de estancia en el centro varía, pues no existe una norma que establezca cuándo se les debe trasladar y el Ministerio del Interior actúa, en este sentido, con cierta arbitrariedad. Las circunstancias sociales, económicas y sanitarias ocurridas en Marruecos o en otros países africanos hacen que varíen los flujos migratorios y esto origina que, algunas veces, alguno de estos centros esté saturado y albergue más personas de las que debe. Preparado para alojar a 782, el de Melilla ha llegado a albergar a más de 1.300 personas durante la pandemia. El de Ceuta, sin embargo, ha tenido este verano sus cifras más bajas de ocupación, pues se han alojado en él menos de 330 personas.

Algunas organizaciones sociales y de ayuda a inmigrantes critican con severidad el funcionamiento de estos centros y explican que no se trata sólo de construirlos, sino de garantizar que lo que ocurre en ellos es siempre acorde a los derechos humanos y respetuoso completamente con la dignidad de las personas. Demandan también transparencia en la gestión y libre acceso a la información de cuanto en ellos acontece. Exigen que no se saturen, que sus instalaciones sean siempre dignas y que la atención a las personas tenga siempre en cuenta sus necesidades y difíciles circunstancias en las que han llegado, especialmente las de las mujeres y las/os menores, que son más vulnerables.

Quienes trabajan en estos lugares, atienden a los migrantes y se encargan del mantenimiento de las instalaciones son funcionarios civiles del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Estando en estos centros, algunas/os de los migrantes dan sus primeros pasos en el proceso de la regularización administrativa de su presencia en España y, por tanto, de su convivencia en términos progresivamente de igualdad con el resto de la sociedad. Algunas/os migrantes con más experiencia ayudan a quienes tienen menos a desenvolverse en su nueva realidad de una forma paulatina. Las salidas del centro les brindan la posibilidad de tratar directamente y desde el principio con la sociedad acogedora.

¿Es necesario un centro de este tipo en Algeciras? La realidad de esta ciudad es que es un punto de tránsito migratorio de importancia internacional. Tiene 123.00 habitantes y, junto al resto de municipios del Campo de Gibraltar, ha demostrado en muchas ocasiones que su población sabe ser solidaria. Y en sus calles y plazas conviven vecinas/os de más de 104 nacionalidades diferentes.