El año 2022 ha traído un cierto alivio al mundo tras la devastadora pandemia del Covid-19. Científicos del mundo entero y el personal sanitario trabajaron duro para acabar con la pandemia y devolver algo de normalidad a un mundo que sigue enfrentado a retos globales. Las guerras, el calentamiento del planeta o la pobreza siguen condicionando la vida de millones de personas. La Covid-19 también sirvió para hacer más evidente cómo las dificultades repercuten en las personas de forma diferente, según sus condiciones sociales, económicas o políticas. La desventaja en la atención sanitaria de las personas migrantes quedó también reflejada en la crisis sanitaria que trajo el Covid-19.
El Informe sobre las migraciones en el mundo hecho por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) cifraba en 281 millones el número de migrantes que había en el mundo en 2020, lo que equivale al 3,6 por ciento de la población mundial. Los más pobres y en mayor riesgo, como las/os migrantes, las/os refugiados y las/os solicitantes de asilo siguen siendo las personas más desatendidas y las menos capaces de acceder a la información y los servicios de salud con garantías.
Los redactores del informe de la OIM señalan: “Queda mucho por hacer si queremos lograr un mundo donde la cobertura de salud sea verdaderamente universal y donde ningún migrante se quede atrás. No pararemos. A medida que persiste la brecha de equidad en salud, también lo hace nuestra ambición de vencerla”.
En 2021, OIM celebró los 70 años de su existencia y servicio. El ámbito y el alcance geográfico de su trabajo en migración y salud se ha ampliado a unos 110 países en los que ofrece a las/os migrantes atención primaria, apoyo psicológico, o lucha contra enfermedades de alto contagio como el VIH, la tuberculosis y la malaria. También desarrolla campañas de vacunación de la población contra el Covid-19.

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