La brújula del destino las/os trajo hasta Algeciras. Todas/os han llegado de diferentes rincones del mundo. Algunas/os han huido de la pobreza, otras/os de la guerra y la represión; otras/os para escapar del maltrato y la violencia de género; otras/os, por retar a la sociedad y luchar por sus sueños. Y algunas/os llegaron a esta tierra por amor a la cultura andaluza. Algeciras y todo el Campo de Gibraltar acogieron a estas personas que han enriquecido, aún más, a una zona con habitantes de 120 nacionalidades diferentes. Estas/os nuevas/os vecinas/os se unieron a Márgenes y Vínculos para relatar de manera personal historias que han conmovido a quienes, individualmente, las escuchaban. Ocho personas se convirtieron, así, en “libros” de una “biblioteca humana” que Márgenes y Vínculos montó en el paseo Fariñas de La Línea, primero, y en la Plaza Alta de Algeciras, después. 
Abdelkader tuvo que permanecer en España tras el cierre de fronteras con Marruecos decretado a raíz de la pandemia del Covid-19; Kike, un joven gaditano, sufrió desde niño varios abusos por su orientación sexual; Naima, tras recorrer casi todo Europa durante más de 20 años, se quedó en Algeciras porque simplemente se siente andaluza; Alondra es una joven nicaragüense que decidió emprender el camino migratorio para huir del maltrato; Sonia decidió dejar El Salvador para huir de las mafias y la delincuencia; Zoraida abandonó un barrio problemático de Sevilla para encontrar un futuro mejor y seguir estudiando en Algeciras; Ahmad, profesor universitario, dejó la terrible situación de Afganistán para empezar una vida nueva en Algeciras.
La biblioteca humana ha estado marcada profundamente por los relatos conmovedores en primera persona de los “libros”. Ellas/os se abrieron en canal para relatar sus vivencias sin filtros, pero sí con emoción, ganas de compartir, y, sobre todo, con la esperanza de que el “lector” les entendiera y empatizara con ellos. La biblioteca humana pintó las plazas Fariña y Alta de multiculturalidad, las convirtió en un espacio de diálogo y convivencia. Los libros parlantes encontraron una vía de acercamiento a la sociedad de acogida y alimentaron las esperanzas que habitan en el corazón de toda persona migrante o perteneciente a una minoría y que sueña con el día en que no existan el rechazo ni la exclusión social. 
Los relatos vitales de nuestros «libros» permitieron abordar asuntos que generan aún mucho debate y reflexión. El caso de Alondra permitió ver que el maltrato diario que ejercía su abuelo sobre su abuela es una práctica que se puede convertir en algo hereditario, que pasa de una generación a la siguiente. Otros asuntos fueron la homofobia, que sigue arraigada en la sociedad española; la situación sanitaria, la crisis económica y social generada por la pandemia y las consecuencias tuvo en las fronteras; o la situación política internacional que se vive, desde Afganistán a América Latina. 
Las conversaciones surgidas entre «libro» y «lectores» trataron éstos y otros asuntos e hicieron que se crearan vínculos entre las/os interlocutoras/es. Fueron momentos de comunicación personal que permitieron llenar los márgenes vacíos que, otras veces, ocupan la intolerancia y la discriminación.
Fueron dos jornadas muy fructíferas en lo personal y en lo social que sirvieron para celebrar el Día Europeo de las Víctimas de los delitos de odio organizadas por Migrantes en igualdad, proyecto de la Fundación Márgenes y Vínculos que lucha contra la xenofobia, la discriminación y otras formas de intolerancia asociadas.

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