¿Cómo funciona la psicología del bulo?

Jun 25, 2022 | Tienes un minuto | 0 Comentarios

Un bulo es una noticia falsa que se propaga con el fin de beneficiar a quien lo emite o perjudicar a quien lo protagoniza. El bulo tiene un propósito concreto y quien lo difunde tiene en cuenta cómo es el público al que va dirigido. Lo diseña para que se trague la mentira más fácilmente. Cuando da una noticia falsa como si fuera real, planifica de forma minuciosa su contenido para hacerla más creíble y su difusión para que tenga más repercusión. Estos bulos se suelen transmitir a través de la televisión, de la radio, de las redes sociales o en la propia calle. 

Los bulos suelen hacer daño a alguien o a un grupo concreto. También buscan crispar el ambiente en general, ya que de alguna manera el que lo divulga busca la ganancia que se puede derivar de esta situación. Hay personas que consideran que el miedo, el desconcierto y la confusión pueden reportarle beneficios para sus causas personales. La difusión de noticias, datos e informaciones falsas es el mejor medio que tienen los discursos de odio para ampliar su influencia social y su repercusión en la vida de las personas.

Uno de los ingredientes clave de los bulos es su verosimilitud. Para que tenga efecto, un bulo ha de ser creíble, aunque no sea cierto. El siguiente factor esencial es nuestra predisposición a creernos noticias falsas. Las personas tendemos a dar por bueno aquello que concuerda con nuestras expectativas y a poner en duda aquello que va en su contra. Este es un presupuesto básico del funcionamiento de la mente humana. Por tanto, cuando una noticia falsa se divulga, que cale o no en mucha gente depende en gran medida de la predisposición de éstas a darla por buena. Esto está muy relacionado con la ideología de la persona. Estamos más predispuestos a oír cosas que concuerden con nuestra ideología previa y, por tanto, nos resulta agradable, refuerza nuestras creencias y nos causa una gran satisfacción.

La difusión, alcance e influencia social de los bulos depende también de si somos personas que tenemos un espíritu crítico o no. En el primer caso, cuando nos llega una información tendemos a ponerla en duda, en tela de juicio, antes de darla por buena. En el segundo caso, damos por válidos los datos que nos llegan sin contrastarlos, sin más.

Las situaciones más propicias para lanzar bulos son aquellas de tensión en las que la población está más alterada. Las personas solemos ser más propensas al miedo entonces y, por tanto, más permeables a la información errónea, pero que concuerda con nuestra mentalidad. Y esto es lo que aprovechan los divulgadores de bulos. En situaciones amenazantes, somos más vulnerables a las noticias falsas. Un ejemplo de ello puede ser todo lo relacionado con las migraciones. La repetición de noticias con una perspectiva negativa y el empleo de exageraciones o de palabras que no se corresponden con la realidad, incluso en los medios de comunicación llamados serios, crean el caldo de cultivo para que los manipuladores de los bulos se sientan como peces en el agua y actúen. Podríamos poner numerosos ejemplos de noticias falsas sobre menores de origen extranjero que se han difundido en redes sociales. Los/las que las difunden se aprovechan de una situación en las que hay personas que, previamente, parten de una mentalidad cecana al racismo que ha sido alimentada por informaciones con carga negativa sobre los migrantes y acaban más alteradas y refuerzan su visión racista. Y así esas personas son las más susceptibles de ser víctimas de un bulo.

¿Qué podemos hacer para prevenir nuestra permeabilidad ante los bulos? 

Os dejamos algunos consejos:

  • Tener espíritu crítico: Ante cualquier información, contrastar antes de difundir y no darla por buena sin antes comprobar.
  • Informarnos a través de fuentes fiables: Cualquier lugar de Internet no es igual de riguroso que todos. Debemos ser cautos y comprobar que sea de una fuente oficial de la que viene su información. Algo que nos puede ayudar es: cuando veamos un dato sobre un tema concreto debemos ir a fuentes de prestigio y autoridad. Por ejemplo, podemos utilizar el Instituto Nacional de Estadísticvas (INE), o el Observatorio del Racismo y la Xenofobia el (Oberaxe), la Junta de Andalucía, etc. Este tipo de fuentes cuentan con cierto rigor que nos prevendrá de dar por buenos datos falsos.
  • Ser cautos: Antes de dar un retuit, compartir en facebook o reenviar en WhatsApp, hay que pensar en qué efecto puede tener la difusión de dicho contenido. No caer en este tipo de automatismos que hoy en día hacemos casi de forma inconsciente es una de las claves para romper las cadenas de difusión de las noticias falsas.

En base a estos consejos, vamos a pensar en algunos de los bulos más extendidos sobre las personas migrantes:

  • “La mitad de la población española es ya inmigrante”. Aplicando los consejos que hemos mencionado anteriormente, si consultamos una fuente oficial como el Instituto Nacional de Estadística, podemos comprobar que a 1 de enero de 2021 la población extranjera era de 5.375.917. 
  • “Dan ayudas a todas las personas inmigrantes”. Si aplicamos el espíritu crítico y contrastamos esta información a través de diferentes fuentes, llegaremos a la conclusión de que realmente las ayudas no se dan por ser extranjero o no, sino que se aplican en base a requisitos económicos o de vulnerabilidad social. Es más, en ocasiones las personas migrantes se encuentran con mayores dificultades para conseguir este tipo de ayudas al no estar empadronadas en el lugar de destino.
  • “El Parlamento de Cataluña ha aprobado por unanimidad ampliar hasta los 23 años la paga de 664€ al mes a los Menores Extranjeros No Acompañados”. Lo cierto es que esto en 2019 se comenzó a publicar en varias redes sociales. Si caemos en el retuit sin comprobar o en compartir por WhatsApp, podemos caer en aumentar la propagación de una información que no es cierta. Si nos paramos a comprobar en distintas fuentes como “Maldito Bulo” o “Stop Rumores”, podremos ver que se trata de un bulo. La realidad es que estas ayudas económicas no están dirigidas sólo a menores extranjeros no acompañados sino, en general, para jóvenes anteriormente tutelados por la administración y que ya hayan cumplido los 18 años. 

Estas ayudas existen desde 2006 y lo que realmente aprobó el Parlamento de Cataluña es que estas condiciones de edad fueran algo más flexibles para poder prolongarlas en el tiempo. 

Es más, con los datos entre 2013 y 2017 se comprobó que la mayoría de los beneficiarios de estas ayudas económicas eran jóvenes españoles. Concretamente el 73%, frente al 27% de jóvenes migrantes.

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