Estereotipos sociales (I)

Mar 31, 2021 | Tienes un minuto | 0 Comentarios

Un estereotipo es, según el Diccionario de la Real Academia, una imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable. Una imagen o idea aceptada por la sociedad nos ayuda a pensar, a clasificar, a entender el mundo. El problema viene en la última parte de la definición: su carácter inmutable, es decir, que no cambia. 

Un estereotipo es la imagen fija

de una realidad cambiante.

Es como hacer una foto a un cuerpo en movimiento. Es limitar la realidad. ¿Cuántas veces habéis oído que la gente andaluza es graciosa? Si eres de Andalucía y te lo dicen, puedes hasta sentirte orgulloso/a. Pero, ¿y cuándo dicen que es floja? ¿o que no sabe hablar? Entonces no le vemos la gracia por ninguna parte. Eso es una foto borrosa e interesada de la realidad que con frecuencia crea un prejuicio y conlleva una discriminación. 

¿Cómo llegamos a los estereotipos?

Los estereotipos se aprenden a través del proceso de socialización por el que aprendemos las normas y los valores de la sociedad en la que vivimos. Su transmisión se hace generalmente en la familia, la escuela y los medios de comunicación.

Los estereotipos tienen una función muy importante para la socialización de las personas: facilitan la identidad social, la conciencia de pertenecer a un grupo social y permanecer integrado en él.

 

Una de las formas en que los estereotipos se forman y permanecen es lo que se ha llamado correlación ilusoria: percibimos una relación entre personas, acontecimientos o comportamientos incluso cuando tal relación no existe. Este fenómeno puede llevar a las personas a esperar que ciertas personas posean ciertas características, y por lo mismo, a exagerar la frecuencia con que esto ocurre en realidad, especialmente en el caso de acontecimientos chocantes, extraños o recientes que nos llaman más la atención y son más fáciles de recordar.

Por ejemplo:

Si leemos una noticia que nos cuenta que una persona gitana ha cometido un robo, pensamos que todas las personas gitanas roban. 

Normalmente, aplicamos la correlación ilusoria a comportamientos negativos, y no a los positivos, y a las personas de los grupos ajenos y no a las del propio. Pensamos que son frecuentes en los grupos ajenos conductas que no lo son.

Por ejemplo:

En un país predominantemente blanco se recordarán más fácilmente las conductas antisociales cometidas por personas negras o árabes que las cometidas por personas blancas, aunque sean proporcionalmente idénticas. En este caso, la correlación ilusoria está en establecer una asociación entre color de piel y delincuencia, algo terriblemente habitual.

 

Imagen extraída de: https://www.danielcolombo.com/que-son-los-sesgos-cognitivos-y-atajos-mentales-y-como-te-manipulan-por-daniel-colombo/

Prestamos más atención a la información que confirma nuestras expectativas previas y no atendemos a la que las contradice. Buscamos, e incluso inventamos, evidencias que refuercen nuestras creencias previas. Es algo que simplifica la realidad y que conduce, lógicamente, a errores.

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