El domingo 8 de agosto de 2021 se clausuraron los juegos de Tokio 2020. Hemos tenido en los telediarios, en los medios escritos y en los digitales, historias de superación personal, ya sea por ganar una medalla, o sea por cumplir el sueño de poder competir en unos juegos de tal envergadura y saber qué es eso del espíritu olímpico. Ese espíritu se nos revela en otras historias de convivencia, de compañerismo, de celebración.
Hemos visto a un atleta italiano y a uno catarí debatir delante del juez de la prueba y decidir finalmente que los dos fueran medalla de oro y no tener que seguir compitiendo para ver quién de los dos ganaba. La decisión compartida y el abrazo posterior ha sido una de las imágenes de estos juegos y sigue poniendo los vellos de punta.
Aquí vemos el deporte como herramienta social, como fuente de convivencia.
En nuestro país hemos tenido dos casos que, si pudiéramos, entrevistaríamos dentro de nuestra serie “No voy a hablar de racismo”: Ana Peleteiro y Ray Zapata.
En este vídeo, Ana nos contaría que ya fue campeona del mundo junior en 2012, además de haber ganado otras medallas en competiciones inferiores. No nos hablaría de su padre africano que no conoce, ni de que ha nacido en Galicia, pero sí de las dificultades del paso a competir con atletas senior. No nos contaría lo que le pasó en una gasolinera de Guadalajara, pero sí de su primera final en un mundial de atletismo, de su paso por los juegos, de su bronce olímpico. Justo después de asegurarse esa medalla saltó la venezolana Yulimar Rojas. Medalla de oro. Récord del mundo. Ana estaba cerca, se llevó las manos a la cabeza y salió corriendo a abrazarla. En nuestra entrevista nos contaría si en ese momento pensó algo o simplemente sintió una alegría inmensa por la proeza de su compañera.
Ray nos contaría qué se siente cuando en los Juegos de Río de 2016 no se clasifica para la final del aparato que es su especialidad. Cómo y por qué empezó a practicar gimnasia. No nos contaría que llegó a Lanzarote con 9 años, pero sí que desde adolescente entrena con Gervasio Deferr (3 medallas olímpicas) en el Centro de Alto Rendimiento de San Cugat. No nos hablaría de que nació en Santo Domingo, República Dominicana, pero sí de que la madrina de su hija va a ser una de sus mejores amigas, una atleta que ha sido bronce en triple salto en Tokio 2020, el mismo día que él consiguió su medalla, Ana Peleteiro. Y terminaría riéndose y contándonos que, aunque suene a cachondeo, su hija de dos meses se llama Olimpia.
Ana y Ray son los que han obtenido medalla en estos juegos, pero la entrevista se la podríamos haber realizado a Usman Garuba, Nikoloz Sherazadishvili, Galia Dvorak, María Xiao Yao, Thierno Diallo, Mohamed Katir, Abdel Mechaal, María Vicente, Fátima Diame, o Aauri Bokesa, por poner algunos ejemplos. A esta última le haríamos la típica pregunta que le hacen a ella de cómo se puede ser élite en dos deportes: ¿cómo se pasa de jugar en la primera plantilla de Estudiantes a ser internacional en los 400 m.?
Cualquiera de ellas/os nos daría una entrevista preciosa. Se han terminado los juegos. Es ahora cuando empieza la Olimpiada.
Y es que el deporte es una herramienta de transformación social desde la base. Si un chico de familia española comparte equipo de baloncesto con un chico de familia marroquí le conocerá por su nombre y apellidos, si una chica de familia española tiene en su equipo de fútbol a una compañera senegalesa se dirigirá a ella con nombre y apellidos. Esta experiencia de convivencia que les ofrece el deporte les acompañará el resto de su vida y cuando crezcan y tengan vecinos/as de distintas nacionalidades, compañeros/as de trabajo con familias de distintos países, … este chico y esta chica verán personas con sus nombres y sus apellidos.

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