Compartir

Noura es una joven marroquí de 26 años que lleva casi toda su vida en Ceuta. Conversamos con ella en el mirador de la subida del Recinto, un lugar al aire libre con gran encanto por sus maravillosas vistas a la costa africana y a la ciudad que la vio crecer.

Su historia de tránsito no es muy usual. Con un año y medio, su padre la dejó con su tía en Ceuta mientras su familia permanecía en Marruecos. Una ruptura dolorosa motivada por una razón de fuerza mayor: “nací con parálisis cerebral y mis padres no tenían recursos para poder llevarme a un hospital”. Noura nos explica que “en Marruecos hay muchas dificultades, todo se consigue con dinero y mi familia es muy humilde. No tenían para hacer frente a mis necesidades, solo tenían para poder comer”.

Fue su tía en una visita la que dio la voz de alarma al ver que Noura no avanzaba, no hablaba, no andaba. Su tía se dio cuenta de que no podía esperar más y propuso acogerla. Su madre accedió, dice Noura, porque “sabía que eso era lo mejor para mí”. Un día, su padre cruzó la frontera con ella en brazos y la dejó allí. En Ceuta, Noura sufrió su primera crisis y la llevaron de urgencia al hospital.

Durante la conversación, hay una palabra que Noura repite a cada tanto: gracias. Nos explicó que el equipo de menores que revisó su acogida “venían a ver cómo estaba y se daban cuenta de que mi tía me llevaba muy bien, de que yo tenía una vida normal”. Cuando le preguntamos por el tratamiento que recibió para su parálisis cerebral, explica que “el equipo médico fue muy profesional, nos ayudaron muchísimo. Cada vez que iba se ponían muy contentos de ver mis avances”.

También gracias a su tía y a su familia ceutí: “gracias a ellos tuve una infancia como la de cualquier otra persona, como cualquier otra niña”, pese a vivir con las dificultades propias de su discapacidad. “Mi tía no tenía hijos, cuando yo llegué me convertí en su alegría”, recuerda.

Es en la etapa escolar donde Noura señala algunos recuerdos negativos de su infancia. “Los niños te apartan a veces, te ven como un bicho raro, te ven así porque les cuesta o porque los padres no les muestran que hay personas con discapacidad que son iguales a ellos”, lamenta. Pero también tiene recuerdos buenos de su paso por ese colegio público de Ceuta.

De allí, los/as psicólogos/as decidieron mandarla a un colegio de educación especial. Una decisión que para Noura, al principio, supuso “mucha confusión” y explica: “Tampoco veía que tuviera tantas necesidades, aunque iba un poco retrasada”. Describe su llegada al nuevo centro como “muy muy dura” porque no se sentía identificada con las otras personas discapacitadas: “Veía a ese colectivo como si fuera de otro mundo”. El día de la presentación, nos cuenta que “una niña que había con muchos problemas y no controlaba demasiado me dio mi primer bofetón”, lo que hizo que no quisiera estar allí. Ahora afirma que “fue lo mejor que me pasó en mi vida”.

Noura explica que su paso por el colegio de educación especial le hizo cambiar su mirada sobre su propia realidad: “Allí me abrieron la mente”. Si antes se había sentido rechazada, dependiente y sola, con la única compañía de su tía, en este nuevo colegio y con la ayuda de los/as profesionales, empezó a sentirse útil: “a darme cuenta de lo mucho que valgo, a ser responsable y a ser adulta”. Siente que aquellos/as profesionales cambiaron su vida: “sacaron a otra Noura de mí, otra Noura que yo no conocía. Son mi segunda familia”.

Nos cuenta que cuando se quiso matricular de asignaturas de secundaria “lo único que me ofertaron en el colegio fue poder hacer jardinería, yo no quería hacer jardinería, las personas discapacitadas no solo podemos ser jardineras.” Ella quería ocupar su tiempo estudiando lo que estudiaba todo el mundo a su edad, pero: “la educación no está muy preparada para personas como yo […] Te ponen muchas barreras.” Intentaron desanimarla: “me decían que tendría que invertir muchos años de mi vida y yo les contesté que los años eran míos y que los invertía en lo que a mí me apetecía. Al final conseguí después de mucha lucha que el Ministerio adaptara mis asignaturas. El profesorado me apoyó.” Llegó hasta 4º de la ESO.

Noura es perfectamente consciente de la sociedad en la que vive y las dificultades extra a las que tiene que enfrentarse una persona migrante, mujer y discapacitada. Aunque no todas estas características le han influido igual: “Por ser inmigrante yo nunca he sentido esa discriminación, llegué a Ceuta siendo muy pequeña. Quizás mi discapacidad ha hecho que no me sienta discriminada por otras cosas. Por ser discapacitada y mujer la sociedad creo que seguirá discriminándome”.

Cuando su tía falleció, hace cuatro años, pasó uno de los momentos más duros de su vida. Tuvo que enfrentarse a tener que mudarse de casa o recibir ayudas de comida. Profesionales y familia la ayudaron a seguir adelante: “tenía que levantarme y luchar por mi vida como quería mi tía”. Noura quiere ser autónoma, como cualquier persona adulta: “Quiero mejorar mi futuro, superarme, conseguir una casa digna, no quiero ayudas, hay personas que seguro las necesitan más que yo.”

La llamada de una cadena de hipermercados para ofrecerle un trabajo no pudo llegar en un momento más oportuno. Noura entró pensando que sería algo temporal, pero después de un año, la hicieron indefinida. Destaca la buena relación que tiene con sus compañeros/as de trabajo, aunque en su día a día puede encontrarse con el recordatorio de su discapacidad: “A veces hay clientes que vienen a preguntarme algo, por ejemplo, dónde está la leche y cuando ven alguna de mi dificultad me dicen que no me preocupe, que ya la buscan por su cuenta.” Noura no se piensa como una persona con discapacidad: “Hay momentos en los que me olvido totalmente de ello”, pero en esas ocasiones es la sociedad la que se lo recuerda.

Aunque está muy contenta con su actual trabajo, ella tiene un sueño desde hace tiempo: “cuando llegué al colegio especial de San Antonio me di cuenta de que quería ser conserje, ese es otro de mis sueños. Yo sé que ese trabajo lo puedo hacer perfectamente, es un trabajo digno”. Se propuso opositar y fue a examinarse a Madrid. Nos cuenta que sacó muy buenas notas, pero se quedó a las puertas. Eso la anima para no abandonar su vocación.

Noura lo tiene claro y nos lo deja claro. Pocas veces entrevistamos a alguien con tanta lucidez y un afán de superación como el suyo. Su motivación para esta entrevista se ha cumplido:

“Esto lo hago para demostrar que hay miles de personas como yo

que se ven apartadas y que tienen mucho que enseñar

Noura. De Ceuta.